agosto 2, 2022 Los Tres Monos Sabios del Santuario de Toshogu

Los Tres Monos Sabios del Santuario de Toshogu

Probablemente has escuchado el proverbio “no veas el mal” o alguna variación. Pero pocos conocen el origen de esta frase o proverbio y el hecho de por qué también se asocia con los monos.

toshugu
Entrada al Santuario Toshogu, en Nikko.

Se cree que esta frase de “no ver el mal” se remonta a la antigüedad concretamente durante el Período de los Estados Combatientes de China, cuando Confucio escribió sus Anacletas.

Alrededor del siglo VIII, los monjes budistas trajeron el proverbio a Japón. Eventualmente se tradujo a “mizaru, kikazaru, iwazaru“, que significa “no ver, no oír, decir no“. Mientras que -zu/-zaru es un sufijo común (aunque arcaico) que se usa para negar un verbo, saru, o como sufijo, -zaru, significa “mono” en japonés. Y es así como esto condujo a la asociación del proverbio con los monos.

Los Tres Monos Sabios que representan el principio de no ver (Mizaru), no oír (Kikazaru) y no decir (Iwazaru).

Históricamente, el motivo de los tres monos se puede encontrar en toda Asia. Algunos creen que fue traído a China desde la India a través de la Ruta de la Seda y luego a Japón. En el período Edo, que duró desde 1603 hasta 1868, a menudo se representaba un grupo de tres monos en las esculturas budistas, como los compañeros de la deidad popular Shōmen-Kongō.

En 1617, se construyó el gran Santuario Tōshōgu en Nikkō y se dedicó a Tokugawa Ieyasu, el primer shōgun del shogunato Tokugawa que fue deificado póstumamente. Uno de los edificios que forman el complejo es el Establo Sagrado, que está adornado con una escultura de ocho paneles atribuida a Hidari Jingorō, un escultor legendario cuya existencia es motivo de debate.

La escultura representa ocho etapas de la vida representadas por monos. Su panel más notable es el de los “Tres monos sabios”, donde aparecen tres macacos japoneses que representan el principio de no ver (Mizaru), no oír (Kikazaru) y no decir (Iwazaru). Este relieve particular se introdujo en el mundo occidental durante la era Meiji (1868-1912), lo que llevó a la acuñación del proverbio “no veas el mal, no escuches el mal, no hables el mal”.

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